Beneficios económicos


platicas a comundades

Pesquerías

Pesquería artesanal o ribereña.- Las pesquerías a pequeña escala (artesanales o ribereñas) han tenido un papel central en el establecimiento, consolidación y crecimiento de las comunidades costeras en diferentes regiones del golfo, tales como la región de las grandes islas, en donde la pesca es hoy día la principal actividad humana (Bourillón, 1996). A nivel mundial, el 90% de los pescadores son artesanales; el 45% de la captura mundial la extraen este tipo de pescadores y casi la totalidad de esta captura se utiliza para consumo humano (McGoodwin, 1990 en Zavala 1999). Debido al elevado dinamismo de este tipo de pesquerías, así como a la gran variedad de especies que capturan y al ineficiente sistema de registro de captura, las estadísticas oficiales de pesca no reflejan verazmente los niveles de esfuerzo pesquero y los volúmenes de extracción en esta región del Golfo de California (Ávilés-Muñoz y Figueroa-Ramírez, 1989 en Zavala, 1999).

 

Los pescadores ribereños son el grupo de usuarios de las islas del Golfo de California de quienes menos información existe sobre sus actividades en tierra. Son también los más difíciles de estudiar por su número elevado y el gran dinamismo de sus movimientos, determinado por la variabilidad de las temporadas de pesca. Sin embargo, se sabe que existen alrededor 17,681 embarcaciones menores o pangas (336 en Baja California; 1,232 en Baja California Sur; 1,700 en Nayarit; 9,019 en Sinaloa y 5,394 en Sonora) (Dedina, 1997). Las actividades de los pescadores ribereños son las que involucran un mayor uso comercial, extractivo, intensivo y constante de los recursos marinos costeros, lo que a su vez trae consigo el uso continuo de los ambientes terrestres de las islas (Bourillón, 1996; Zavala, 1999).

 

Una alta variedad de especies neríticas, pelágicas y demersales compone a la pesca ribereña de las aguas adyacentes a la Isla Ángel de la Guarda, incluyendo a las bahías y riberas de la costa peninsular. Hay recursos que se capturan durante todo el año, como la almeja voladora (Pecten vogdesi), la cabrilla (familia Serranidae), el cazón (multiespecífica), la curvina (Cynoscion sp.) y la lisa (Mugil cephalus), entre otros que se capturan únicamente de manera estacional; ésto da como consecuencia una importante actividad pesquera durante todos los meses del año (Zavala, 1999). Este autor observó poco desperdicio y una alta eficiencia en la pesca multiespecífica, derivado del conocimiento empírico de los pescadores adultos. Cuando la actividad pesquera se centra en recursos anuales, los pescadores se especializan en unas zonas de pesca sobre otras, moviéndose entre éstas con el afán de encontrar a las especies de interés y maximizar sus capturas. Cuando los recursos son estacionales, las jornadas de trabajo son más largas. En ambos casos hay un proceso adaptativo en tiempo y espacio, según las especies que pueden ser pescadas y su abundancia. De manera general, la temporada de pesca ribereña en la costa oriental de la región de las grandes islas está dividida en verano-otoño e invierno-primavera. Durante el verano y el otoño se captura pulpo, calamar, pepino de mar, moluscos bivalvos (almeja catarina y almeja chocolata), tiburón, jurel, jaiba, camarón café y camarón japonés, entre otros. En la temporada de invierno-primavera son capturadas especies como la langosta, pepino de mar, sierra, curvina, chano, jurel, cavicucho y baqueta (Bourillón, 1996; Zavala, 1999; Subdelegación de Pesca-SEMARNAP en Sonora, com. pers 1999). Las artes de pesca empleadas para la captura de escama son línea con anzuelo, piola, palangre, chinchorro de fondo y chinchorro para encierros, entre otras. Para la captura de tiburones, cazones y mantarrayas, se utiliza la cimbra aplanada, la cimbra, redes con diferente luz de malla colocadas a la deriva, y redes para fondo arenoso.

 

La composición de la pesca ribereña en el sur del golfo varía de la antes descrita para la región de las grandes islas. En los alrededores del Complejo Insular del Espíritu Santo, por ejemplo, las capturas más importantes incluyen especies de almeja, huachinango, pargo, bacoco, tiburón, cochi y cabrilla. Estas pesquerías abastecen a los mercados locales y parte de ellas son destinadas a mercados extranjeros. La explotación de estos recursos se lleva a cabo en pequeña escala, por pescadores libres mayormente de la región. La pesca se caracteriza por el uso de embarcaciones de pequeño calado y autonomía limitada, que operan sin una organización marcada. Las artes de pesca utilizadas incluyen líneas de mano con uno o varios anzuelos, cimbra o palangres, redes agalleras de fondo de diferentes materiales, longitudes y luz de malla, chinchorro y buceo libre (B. Bermudez, com. pers. 1999).

 

Los pescadores de las costas de Sonora y Sinaloa están organizados principalmente en cooperativas, o como pescadores libres trabajando para permisionarios. En el caso de la región sur del Golfo de California, por ejemplo, el sector pesquero ribereño está compuesto en su mayor parte por familias que habitan en las pequeñas poblaciones aledañas a la zona; por personas del estado que habitan en ciudades o pueblos alejados de la zona de pesca y que, por temporadas,  llegan a establecer campos pesqueros en algunas costas insulares, o personas que provienen de otros estados del país y que capturan recursos por temporadas en estas aguas del golfo. La mayor parte de los  pescadores de esta región sur del golfo son pescadores libres que venden su producto a través de comercializadores, conocidos en la región por su actividad y que son quienes cuentan con los ­permisos de pesca para poder comercializar el producto. Otros pescadores están organizados en cooperativas, quienes organizan sus capturas en diferentes zonas del golfo, dependiendo de la temporada y de la distribución del recurso. Este fenómeno de nomadismo que presenta el sector pesquero se da por la presencia de recursos con abundancias circunstanciales como el calamar, o migraciones estacionales como la del tiburón, la sierra, la curvina, o en bancos de moluscos presentes en las bahías como las almejas catarina, madre perla y chocolata.

 

En varias regiones del golfo, tales como las aguas adyacentes a Ángel de la Guarda, se ha reportado una tendencia al uso de un mayor número de zonas de pesca en los últimos años, debido principalmente a: 1) nuevos equipos (motores con mayor potencia); 2) un aparente agotamiento de algunos recursos en áreas de pesca tradicionales, y 3) al incremento en el número de embarcaciones y pescadores en la región (Zavala, 1999). La falta de control en las tallas mínimas de captura así como no contar con cifras precisas de volúmenes de captura, provoca que no exista control sobre las artes de pesca y la duración de las temporadas de pesca (Bourillón, 1996). Una estrategia de manejo que ha sido propuesta para disminuir la competencia de los recursos ribereños en la región es “la regulación de la pesca que debería de considerar el reconocimiento de la exclusividad o prioridad de pesca para las comunidades pesqueras que habitan las márgenes del Golfo de California” (Bourillón, 1996; Zavala, 1999).

 

Muchas de las islas del Golfo de California son usadas por los pescadores ribereños. Hasta hace algunas décadas los pescadores no requerían viajar grandes distancias para pescar. Zarpaban en la mañana y regresaban en la tarde y la captura era suficiente. Sin embargo, el aumento en la tasa de inmigración en la región y el incremento en la demanda por productos marinos, ocasionó que las poblaciones de peces y otros recursos del mar que se encontraban cerca de la costa disminuyeran, creando la necesidad para los pescadores de ir cada vez más lejos a capturar el recurso suficiente para un día de trabajo. Esta situación incrementó el uso de las islas para establecer campamentos temporales y disminuir así los costos de combustible e incrementar la seguridad de los pescadores, del equipo y artes de pesca, así como las ganancias (Bourillón, 1998; Zavala, 1999).

 

Una de las áreas  más usadas por los pescadores es la región de las grandes islas. Ahí el número de campos pesqueros registrados durante la segunda mitad de los 90’s fue de 73. La abundancia de éstos fue relacionada con el tamaño de las islas y su cercanía a los poblados pesqueros, así como por la facilidad de desembarco y la topografía de las playas. La ocupación temporal de los campos fue relacionada también con el grado de protección que los sitios ofrecían a las pangas contra vientos y marejadas predominantes durante las temporadas de pesca (Bourillón, 1996; Zavala, 1999). Se estimó que alrededor de un 47% de los campos pesqueros pueden ser utilizados en cualquier temporada; 28% solamente en temporada de frío y 24 % solo en temporada de calor (Bourillón, 1996).

 

Pesca comercial.- Aparentemente esta actividad no tiene una relación directa sobre las islas, sin embargo es importante hablar de ella debido a que su actividad influye directamente en los procesos biológicos y ecológicos que ocurren en las islas; el esfuerzo pesquero incide, por ejemplo, sobre la actividad reproductiva y alimentaria de algunas especies de aves y mamíferos marinos, debido a que las especies de peces que componen las pesquerías comerciales son parte importante de la dieta de dicha fauna insular y marina (Velarde et al., 1994; Aurioles, 1988; Zavala, 1999). Las principales especies que se pescan comercialmente en el Golfo de California son varias tipos de sardinas y el camarón, que representan un 40% de la captura pesquera nacional. Alrededor del 80% de la captura de sardinas a nivel nacional se lleva a cabo en aguas del Golfo California (Anónimo 1988 citado en Tordesillas, 1992). En los últimos años, la captura de la anchoveta norteña se ha incrementado de manera significativa en las aguas del golfo, en donde la explotación apenas comienza (Hamman y Cisneros-Mata, 1989).

 

La historia de la pesquería de ostras perleras (la madre perla, Pinctada mazatlanica, y la concha nácar, Pteria sterna) se centra en el Golfo de California. Los primeros datos datan de la época de la Colonia, en reportes que subrayan la inmensa riqueza perlera de la zona y la calidad de sus perlas. Ésto atrajo el interés tanto de nacionales como de extranjeros, lo que ocasionó un aumento en la demanda en el mercado y el desarrollo tecnológico de los aparatos de buceo. La sobrexplotación y otros factores causaron mortalidades masivas en el área de distribución, determinando el empobrecimiento del recurso. Hacia 1938-1940 éste se consideró totalmente agotado.

 

Pesca deportiva.- La pesca deportiva se practica a lo largo de todas las costas de México y tiene un desarrollo notable en el Golfo de California, debido a la belleza de sus paisajes insulares y costeros y a la diversidad de especies de pelágicos mayores, muchas de ellas de gran talla. Esta actividad constituye uno de los principales atractivos turísticos de la región, sustentando en buena medida a la creciente infraestructura hotelera (Martínez y Madrid, 1990).

Existen cuatro “puertos” principales dedicados a la pesca deportiva en la región de las grandes islas: San Felipe,  Bahía de los Ángeles, y San Francisquito, en Baja California, y Bahía Kino, en Sonora. El puerto de San Felipe cuenta con la mayor infraestructura pesquera; tiene dos compañías de pesca deportiva, con cinco barcos con cupo para 12 tripulantes y 18 pasajeros y una bodega de 8 ton de capacidad. Llevan seis pangas equipadas que cargan hasta 1.5 ton de peso bruto y son conducidas por un guía (pescador de la zona) que lleva tres o cuatro pasajeros.

 

En la zona marina adyacente a las islas de la región centro y sur del Golfo de California se pueden identificar dos tipos de pesca deportiva principales:

 

  • La primera se realiza por contrato de prestadores de servicios turísticos o por yates particulares, cuyos usuarios cuentan generalmente con una licencia para desarrollar esta actividad. Este tipo de pesca se realiza principalmente en las islas adyacentes a las ciudades de La Paz y Loreto, en Baja California Sur, y San Carlos, Sonora, ya que es organizada por prestadores de servicios de estas ciudades. Las principales especies capturadas durante el verano son el marlin, el dorado y el pez vela, mientras que en invierno predominan las capturas de jurel, sierra, y en ocasiones algunos atunes. Este tipo de pesca se realiza mediante el método de caña y  carrete, utilizando carnada viva o curricanes en pangas comerciales o con un tamaño ligeramente superior.
  • El segundo tipo de pesca deportiva es aquel que tiene lugar en todas las islas que son visitadas por turistas, organizados a través de compañías de servicios turísticos o que las visitan en forma independiente. Esta pesca se realiza principalmente mediante buceo libre o autónomo con arpón y la principales especies que se capturan son el huachinango, la cabrilla, el perico y otros peces de ambientes rocosos arrecifales  (Martínez y Madrid, 1990).

 

La temporada de pesca deportiva abarca de mediados de abril a mediados de septiembre para la región de las grandes islas, y se extiende hasta octubre en la parte central del Golfo de California. En Bahía Kino, la temporada va de octubre hasta abril o mayo. En, Baja California, durante la temporada cada  barco de pesca deportiva completa alrededor de 20 viajes, cada uno con una duración promedio de siete días. La captura total por viaje de un barco es de aproximadamente 2 ton. La caña y el anzuelo son las artes de pesca básicas, las carnadas más usadas son la macarela (Scomber japonicus) y cebos artificiales. El tiempo de pesca promedio es de 8 h diarias y las profundidades de captura fluctúan entre 5 y 50 m. Las principales familias de peces capturadas son Serranidae y Carrangidae, por ser las más cotizadas como trofeo y por la buena calidad de su carne. A partir de que fue prohibida la captura de la totoaba, esta fue sustituida por otros recursos marinos, entre ellos otras especies de Cyanidos: el cabicucho y la curvina. La popularidad de la pesca deportiva en la región de las grandes islas se ha incrementado desde hace 30 ó 40 años en que se inició con la llegada de turistas provenientes de Estados Unidos de Norteamérica, manteniendo su atractivo hasta hoy en día (Bourillón, 1996).

 

Turismo

Las características de las islas del Golfo de California, así como las de sus aguas adyacentes, las hacen especialmente atractivas para el turismo. Estas características incluyen la presencia de numerosas especies carismáticas de reptiles, aves, mamíferos marinos y cactáceos, la belleza escénica de las islas, las aguas claras y con pesca abundante, los numerosos días soleados en el año, el aire seco y la experiencia de aislamiento que ofrecen.

A lo largo de los últimos 20 años se ha observado un crecimiento notable en el número de turistas que visitan las islas, especialmente de aquellos que practican una mezcla de turismo de aventura y de la naturaleza. La actividad turística en estas islas se centra en dos líneas:

 

  1. Compañías o prestadores de servicios, quienes preparan:
  • Excursiones de pesca deportiva, principalmente en temporada otoño-invierno
  • Excursiones de buceo alrededor de las islas, principalmente en primavera-verano
  • Grupos de ecoturismo que llevan varios visitantes acompañados, en el mejor de los casos, de un guía naturalista trabajando en la compañía. Estos grupos visitan las islas para observar la flora y fauna silvestres, nadar y realizar actividades de kayakismo.
  1. Turistas o visitantes privados o independientes, quienes visitan en sus propias embarcaciones las islas para realizar actividades de pesca deportiva, velerismo, buceo, kayakismo y observación de flora y fauna, algunas veces realizan caminatas y campamentos.

Los grupos con kayak que visitan las islas de Bahía de Los Ángeles, B.C., están formados por un promedio de entre 10 a 15 personas. La mayor parte de los viajes se realizan en los meses de invierno, primavera y otoño, con viajes esporádicos a lo largo del año excluyendo el verano. Este turismo proviene principalmente de los Estados Unidos y Canadá y está organizado primordialmente por compañías especializadas. Algunos grupos cuentan con guías-naturalistas que tienen experiencia en la zona y conocen las islas, aunque la mayoría sólo tienen experiencia en navegación. La duración promedio de los viajes en kayak que se realizan a las islas de Bahía de Los Ángeles es de siete a diez días, durante los cuales visitan varias islas y acampan en las playas que ofrecen mejor protección contra los vientos y que tienen el área necesaria para albergar a todo el grupo. El número de islas visitadas depende del tipo de viaje. En los viajes de aventura el objetivo principal es el reto o la superación física, no los atractivos naturales. En otro tipo de viajes, el énfasis se hace en la historia natural de las islas y no es el esfuerzo físico. En estos viajes inclusive se cuenta con el apoyo logístico de una panga con motor. La adición de una panga permite transportar más agua dulce, comida y equipo (Zavala et al., no publicado).

 

El nivel de uso en las islas de Sonora no está documentado en su generalidad, más existen datos que son indicativos de tal actividad. Por un lado, durante un estudio en la Isla San Pedro Mártir se cuantificó el nivel de uso en actividades turísticas (Tershy et al., 1992). Durante una temporada de cinco meses, entre febrero y junio, se reportó que el ecoturismo y la pesca deportiva (privada) fueron las actividades que involucraron un número mayor de personas y de días/persona.

 

La mayor afluencia de turismo a las islas ocurre en la región centro y sur del Golfo de California, en donde las actividades de turismo incluyen viajes por las islas y la costa. Los viajes en kayak son en su mayoría de tipo recreativo, en menor cantidad de tipo educativo y son ofertados por empresas que promocionan los paquetes, principalmente para el mercado norteamericano. Tienen una duración de entre  tres y diez días y las compañías manejan grupos desde dos hasta más de diez personas que hacen pequeñas travesías, acampando en algunas playas.  Las islas más utilizadas para el desarrollo de la actividad de kayak en esta región son, por su cercanía con las ciudades y sus características físicas: Espíritu Santo, Carmen, Coronados y Danzante. La mayor parte de las compañías que utilizan la zona tienen playas identificadas para realizar los campamentos que los protegen de los vientos del norte en invierno y de los del sur en verano. Las personas que asisten a estos viajes pertenecen a una variada gama de  grupos socioculturales, generalmente adultos, que tienen en común el gusto por las actividades al aire libre.

 

Como el resto del Golfo de California, las islas son usadas por numerosos yates y veleros  privados que hacen travesías desde la costa sur del Pacífico norteamericano hasta el interior del Golfo de California. Estos yates pasan dos o tres días anclados en alguna bahía de las islas, haciendo visitas esporádicas a las playas y  zona terrestre. Asimismo, una actividad común son los cruceros de historia natural que visitan las islas como parte central de sus recorridos. Estos cruceros se realizan en barcos con cabinas en las que los pasajeros pernoctan entre cinco y diez días, visitando diferentes islas durante su recorrido. En invierno y primavera es frecuente que la visita sea promovida por la presencia de ballenas y en los meses de abril, mayo y junio por la anidación de aves. Como parte de las actividades recreativas que se planean tanto para los viajes en kayak como para los cruceros de historia natural, se desarrollan caminatas en sitios accesibles y representativos del paisaje de las islas del Golfo de California. Estas visitas incluyen la explicación del guía naturalista de los procesos de formación geológica de las islas, así como algunas características relevantes de la historia natural del lugar.

 

Investigación

Las islas se utilizan ampliamente para la investigación científica, principalmente geológica, biológica, ecológica y evolutiva por el número y tipo de especies de plantas y animales que albergan. La presencia de especies endémicas, poco estudiadas, el aislamiento, y los ecosistemas prístinos o en muy buen estado de conservación son características atractivas para el investigador. Además, influye la cercanía con los centros de educación superior en el noroeste de México y suroeste de los Estados Unidos, y la presencia de infraestructura básica de apoyo a la investigación, como son las estaciones de campo ubicadas en Bahía de los Ángeles, B.C. y en Bahía Kino, Son., el La Paz, B.C.S., y en Guaymas, Sonora.

 

Existe una gran cantidad de información sobre las islas del Golfo de California, sin embargo  gran parte de ella se encuentra dispersa o fuera del país. Por otro lado existen fuertes huecos de información habiendo gran número de islas para las que no se tienen sus inventarios florísticos y faunísticos, ni se cuenta con datos sobre los niveles de uso, entre otras cosas. Actualmente se llevan a cabo numerosas investigaciones en las diferentes regiones del Área Natural Protegida. Los temas cubiertos por las mismas son diversos e incluyen desde la elaboración de listados de flora y fauna en islas hasta ahora pobremente caracterizadas, hasta estudios genéticos de varias de sus poblaciones.

 

Minería

Las características geográficas de algunas de las islas han favorecido la formación de salinas naturales. Tal es el caso de las islas Carmen, San José y Cerralvo, cuya explotación fue importante a finales del siglo XVIII y hasta principios del siglo XX (Cariño y Alameda, 1998). De éstas destaca la Isla Carmen, en donde se extrajo sal desde la época de las misiones jesuitas en 1698 y llegó a ser uno de los productos más importantes para la exportación, de donde se cubrió parte de la demanda de mercados nacionales y extranjeros. Este sitio fue considerado uno de los depósitos de sal más finos y puros del mundo. La producción de 50,000 ton al año fue tan sólo un cuarto de la capacidad total de la salina (Bourillón et al., 1988). Además de la explotación de sal que ocurrió en la Isla San José, hay indicios de explotación de metales como oro y plata en la isla, aunque las minas existentes muestran apenas indicios de una extracción incipiente que hubo en el pasado.

 

San Marcos ha sido una de las islas cuyos recursos mineros han sido más comercializados. Desde el año de 1923 la Compañía Occidental Mexicana, S.A. de C.V. (COMSA) se estableció en esta isla. Actualmente exporta en promedio 2.4 millones de toneladas métricas de sulfato de calcio (yeso) al año, principalmente a los Estados Unidos, Japón, Canadá, Colombia y Venezuela. La explotación de yeso en esta isla la ha convertido en el segundo productor a nivel internacional, lo que aunado a la extracción en Punta Santa María, al noroeste de Santa Rosalía, convierte a esta región en una zona muy importante para esta actividad minera.

 

Actividades cinegéticas

El Gobierno mexicano, en un esfuerzo por conciliar y reforzar mutuamente la conservación con el desarrollo de las comunidades indígenas rurales, estableció el Programa para la Conservación y Manejo del Borrego Cimarrón en la Isla Tiburón, Sonora, la cual  es propiedad de la Comunidad Indígena Seri. En 1975, como parte de un programa experimental conjunto de México y el Departamento de Caza y Pesca de Nuevo México, EUA, se introdujeron 20 borregos cimarrones en la isla. En 1993 se iniciaron los trabajos para conocer el estado de la población, encontrando a casi 20 años de la introducción de esta especie, que su número se había incrementado notablemente. Surgió así la posibilidad de establecer un programa de aprovechamiento moderado y de repoblación, el cual inició en 1995 con la extracción de borregos de isla para repoblar distintas regiones del estado de Sonora. En este lapso de tiempo se han translocado más de 50 borregos. Para subsecuentes etapas se plantea la reintroducción de borregos en las sierras desérticas de Chihuahua y Coahuila, donde se considera “extinta” la especie desde las décadas 50 y 60.

 

En 1996, la comunidad Con Ca´ac registró su Unidad de Manejo y Aprovechamiento Sustentable de la Vida Silvestre Isla Tiburón, ante el Instituto Nacional de Ecología-SEMARNAP. Como parte de este programa, la población de borrego es manejada con la ayuda del Instituto de Ecología de la UNAM y Unidos para la Conservación, bajo la asesoría técnica del Departamento de Caza y Pesca de Arizona. La solidez del programa se debe también a la confianza entre las instituciones y la Comunidad Con Ca’ac y al apoyo y supervisión constante de la Dirección General de Vida Silvestre del INE. Los beneficios derivados del uso de estos animales son administrados por el Fideicomiso Con Ca´ac  para el Desarrollo Sustentable formado, organizado, manejado y administrado en su totalidad por la comunidad Com Ca’ac. Este fideicomiso  ha permitido una fuente sustancial de ingresos que están siendo utilizados en el desarrollo comunitario y para mantener los estudios y evaluaciones poblacionales que permitan la permanencia  y operación del programa.

 

En 1995, se inició en Isla del Carmen, B.C.S., propiedad de la empresa “Salinas del Pacífico”, el proyecto de manejo de fauna con la introducción de 30 borregos cimarrones capturados en la Sierra del Mechudo, en la región de La Paz, con la finalidad de lograr la recuperación de la población diezmada de esta especie, para posteriormente repoblar las sierras del Mechudo y la Giganta.

 

 

Extracción de flora y fauna

Actualmente no se efectuan aprovechamientos comerciales derivados de la extracción de flora y fauna de las islas. Sin embargo, históricamente sí ha ocurrido la explotación de algunos recursos, varios de los cuales continúan usándose para el autoconsumo de comunidades locales.

 

En las islas de la región central del Golfo de California se han aprovechado los huevos de gaviotas, charranes y pelicanos para consumo local de pescadores y, en algún tiempo, para su uso en las panaderías de Loreto y Santa Rosalía, en Baja California Sur. De estas islas destaca Isla Rasa, ubicada a 24 millas marinas de distancia al sureste de Bahía de Los Ángeles. Es durante la primavera el sitio de anidación para el 95% de la población mundial de la gaviota ploma y el charrán elegante. Entre los años 40´s y 50´s, más de una decena de pangas provenientes de Santa Rosalía, B.C.S., viajaban durante el mes de marzo de cada año a la isla para colectar entre 20,000 y 50,000 huevos. Éstos eran vendidos a la panadería de ese pueblo minero. Más al norte, aunque con poca frecuencia, pobladores de la región de Bahía de Los Ángeles también colectaban cubetas de huevos para consumo local  (E. Velarde, com. pers., 1999). Cabe mencionar que si bien actualmente no existe un permiso de aprovechamiento de huevos, su colecta, aunque en mucho menor escala que antes, ocurre aún de manera ilegal.

 

Desde los primeros pobladores de las islas y de sus áreas aledañas a ellas, se ha dado un aprovechamiento de la flora y fauna insular y marina adyacente con fines de autoconsumo. Este uso ha tenido fines medicinales, religiosos y de alimentación, y algunos han perdurado hasta nuestros días. Por ejemplo, la comunidad Con Ca ác utiliza tradicionalmente algunas plantas con fines medicinales y a la fauna en rituales religiosos. Entre las plantas utilizadas destacan la gobernadora y la cholla; la biznaga (Ferocactus spp.) se aprovecha para consumo de sus flores, botones, frutos y la pulpa fresca de sus tronco; el ocotillo (Fouquieria spp.) se usa en los refugios temporales de pescadores; el mezquite (Prosopis spp.) provee combustible, alimento, abrigo, fibras y sustancias medicinales; el torote (Bursera sp.) también sirve para construir refugios temporales de cazadores; la jojoba (Simmondsia chinensis) se utilizada, entre otras cosas, para el aseo del cabello. Asimismo, se usaban los insectos de laca para sellar ollas y tapas de recipientes de almacenamiento a largo plazo y en la fabricación de puntas de arpón y otros objetos expuestos al agua marina (Felger y Moser, 1985).

 

En Isla San Esteban, el cardón es una de las plantas que mayor uso ha tenido en la cultura Con ca’ac, ya que sus frutos se consumen frescos o en conserva, y sus semillas se pueden moler junto con el pasto marino (Zostera spp.) o mezcladas con agua se utilizaban para engordar a los niños. Otras especies vegetales importantes en la región son el agave (Agave spp.), que puede proveer líquido potable en caso de emergencia y el palo fierro, que actualmente se utiliza para la elaboración de esculturas (Bourillón et al., 1988).

 

En Isla Espíritu Santo, la especie más utilizada por los indígenas fue el torotito (Jatropha spp.). Asimismo, la fruta de la pitahaya debió ser un alimento importante en su dieta, ya que ésta es muy estimada por su sabor dulce y su cáscara comestible. Actualmente, la comunidad local de las islas ubicadas dentro del Parque Nacional Bahía de Loreto acostumbra realizar recorridos en las islas Monserrat y del Carmen para recolectar los frutos de las pitahayas dulce y agria durante los meses previos y posteriores a las lluvias.

 

El tipo de zona costera más común que rodea a las islas es la playa rocosa. En este hábitat se encuentran una gran variedad de peces de diferentes colores y formas, como el Angel de Cortez (Stegastes rectifraenum) y varias especies de blénidos (Bourillón et al., 1998), los cuales son apreciados como peces de ornato. En algunas islas, como  en las cercanas a Sinaloa, se realiza la extracción y comercialización de este tipo de peces.

 

Por otro lado, existen reportes de la explotación de aves marinas en las Islas Marietas, Nayarit, para aprovechar sus plumas en la fabricación de curricanes de pesca.

 

Acuacultura

Durante el siglo pasado, la explotación de las ostras perleras en las costas de Baja California Sur estaba  concesionada a varias compañías extranjeras, de entre las cuales la más importante fue la “Mangara Exploration Corporation, Ltd.” (Cariño y Cáceres, 1990). En 1903 el Sr. Gastón J. Vives empezó a operar la “Compañía criadora de concha y perla de Baja California” en la Bahía San Gabriel del Complejo Insular del Espíritu Santo. Desarrolló un sistema de semicultivo de madreperla en el cual llegó a tener hasta cuatro millones de organismos. El cultivo constaba de tres etapas bien diferenciadas: colecta de juveniles, preengorda en viveros y cultivo en el mar. Esta industria desapareció durante la Revolución, entre 1910 y 1917, y a partir de entonces y especialmente en la segunda década de este siglo, las existencias silvestres de madreperla se vieron sometidas a una explotación intensa y desenfrenada, provocando así una declinación del recurso que puso en peligro la supervivencia de la especie (Singh et al., 1982).

 

Poca información hay respecto a este tema para el tiempo presente. Se conoce que a finales de la década de los 80´s y principios de los 90´s se realizaron pequeños proyectos de manejo acuícola de almeja catarina en las islas del Carmen y la Mestiza, ambas frente a Loreto, B.C.S. No existió continuidad y los proyectos fueron abandonados. La única isla en donde existen  proyectos acuícolas cerca del Estado de Sonora, es  Isla Huivulai, Bahía del Tóbari, Municipio de Cajeme. Estos proyectos están ubicados sobre la Bahía del Tóbari (Ensenada la Batea, boca Norte de la isla Huivulai, y en el Estero Las Palmas), los cuales están orientados al cultivo de moluscos como el ostión y el callo de hacha, en sistemas suspendidos durante precrecimiento y de fondo durante el crecimiento. En conjunto, dichos proyectos cubren una superficie total de 129.56 ha de espejo de agua. Actualmente todas se encuentran en trámite para la concesión acuícola.

 

Agricultura

Se tienen datos sobre el uso del suelo en algunas islas para fines agrícolas; tal es el caso de la deforestación para agricultura de temporal en isla Talchichiltle (Sapiens y Payán, 1999).

 

Otros

La Secretaría de Comunicaciones y Transportes se ha hecho cargo, a través de las oficinas de Señalamiento Marítimo, del mantenimiento de faros y señalización marítima colocados en algunas islas del Golfo de California. Debido a los trabajos de mantenimiento que regularmente debe darse a los faros y balizas, cada seis meses o cuando es reportado algún desperfecto, personal de esta dependencia visita las islas en pangas, permaneciendo en ellas sólo por algunas horas.

 

Existe una partida de infantería de la Secretaría de Marina-Armada de México en Isla Tiburón, la cual realiza acciones de vigilancia de la isla. Los infantes son rotados  y reemplazados periódicamente mediante las unidades de superficie de la misma dependencia.

 

 

Relevancia económica

Una de las formas de capital, más importante, con que cuenta la sociedad mexicana es el natural o ecológico. El Golfo de California, incluidos los recursos biológicos, estéticos y geológicos presentes en sus islas, constituye uno de los mayores capitales naturales del país. El valor económico total o, dicho en otras palabras, los beneficios que se desprenden de sus islas son diversos, y sólo algunos de ellos pueden ser expresados en términos de utilidad económica. Entre estos últimos, se encuentran los que resultan del uso directo del área; como los ingresos obtenidos de la creciente actividad turística en las islas, y los que provienen de las actividades pesqueras y minera. Por otra parte, se encuentran una serie de valores indirectos, no vinculados a la actividad económica, pero que brindan los beneficios que se desprenden de la investigación y de la presencia y apreciación de áreas de gran valor paisajístico. El reto de los siguientes años será captar en el mercado todos y cada uno de los valores asociados al Área Natural Protegida.

 

Relevancia histórico-cultural

La historia del uso de las islas del Golfo de California por el hombre se remonta a la época prehispánica. Entre los grupos que hicieron un mayor uso de los ecosistemas insulares, destacan los Pericúes, en la Península de Baja California; los Yaquis y los Con Ca´ac en la costa oriental del golfo, quienes tuvieron mayor relación con los recursos marinos e insulares. Estas culturas desarrollaron un conocimiento profundo del mar, del desierto y sus recursos naturales; lo cual, determinó algunas de las principales características de estas sociedades y les permitió sobrevivir en ambientes frágiles y áridos como los de esta región del país. Actualmente, sólo los Con Ca´ac siguen estrechamente relacionados con las islas.

 

A partir de la segunda mitad del siglo XIX y hasta hace 20 ó 30 años, la explotación de los recursos naturales de las islas del golfo tuvo un carácter “industrial” o de “gran escala”. Dicha actividad se dirigió, principalmente, a la extracción de guano, a la colecta de huevos de aves marinas y a la cacería de lobos marinos. Durante las labores de extracción de guano, se produjeron las modificaciones antropogénicas más graves que han existido en estos ecosistemas insulares; sobre todo, en las islas más pequeñas y biológicamente más frágiles.

 

En varias islas existen vestigios arqueológicos e históricos que dan cuenta del uso que hacían de las mismas. Así, por ejemplo en las islas Espíritu Santo y La Partida (Partida Sur), hay numerosos sitios que muestran el uso que los Pericúes dieron a las islas; tales como, campamentos habitacionales en cuevas o covachas; concheros, pinturas rupestres y cuevas funerarias.La Isla Tiburón mantiene una relevancia cultural extraordinaria, que por el carácter “sagrado” que le atribuye la comunidad Con Ca´ac, contiene sitios sagrados y es utilizada para rituales.