Historia


Las acciones de conservación, sobre los territorios insulares del Golfo de California, iniciaron en 1963, cuando la Isla Tiburón fue decretada Zona de Reserva Natural y Refugio para la Fauna Silvestre Nacional; con el propósito de proteger a varias especies de fauna terrestre amenazadas (D.O.F., 15/03/1963). Un año después, se decret, a la Isla Rasa, como una Zona de Reserva Natural y Refugio de Aves (D.O.F., 30/05/1964), para proteger a las colonias del charrán elegante (Sterna elegans) y la gaviota ploma (Larus heermanni). El 2 de agosto de 1978, se publicó, en el Diario Oficial de la Federación, el Decreto que establece una Zona de Reserva y Refugio de Aves Migratorias y de la Fauna Silvestre, en las islas situadas en el Golfo de California; frente  a las costas de los estados de Baja California, Baja California Sur, Sonora y  Sinaloa. A partir del 7 de junio de 2000, esta zona se considera en la categoría de Área de Protección de Flora y Fauna “Islas del Golfo de California”, conforme al Acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación.

 

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A este decreto se agregan el de Isla Isabel, del 8 de diciembre de 1980, como Parque Nacional. El de las islas Lobos, Venados y Pájaros como Zona de Reserva Ecológica y Zona de Refugio de Aves Marinas y Migratorias y de Fauna y Flora Silvestre;. Esta última, establecida por el Gobierno del Estado de Sinaloa para proteger la riqueza natural de las citadas islas, ubicadas frente a Mazatlán. Durante 1993, se decretó la Reserva de la Biosfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado, dentro de cuya poligonal se encuentran dos islas del golfo. Por último, en 1996, se decretó el Parque Marino Nacional Bahía de Loreto, que comprende, además de la zona marina, las islas Coronados, del Carmen, Danzante, Santa Catalina y Monserrat, del Golfo de California (denominado Parque Nacional Bahía de Loreto tras el Acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación el 7 de junio de 2000).

De manera paralela, destacan algunas medidas de gobierno que codyuvaron, a posteriori, en la creación de las ANP. Así, el año de 1951, cuando el presidente Miguel Alemán promovió la instauración del estado libre y soberano de Baja California (antiguo Territorio del Norte de la península), puede señalarse como el inicio de las acciones que, indirectamente, dieron la pauta para la protección de los recursos naturales del Golfo de California y de sus islas. El 28 de agosto de 1968, Gustavo Díaz Ordáz promulgó el decreto por el que se delimita el Mar Territorial Mexicano, en el Golfo de California: la zona situada al norte de las islas San Esteban, Tiburón y San Lorenzo, se convirtió en Mar Interior, con una superficie cercana a los 48,000 km². El 8 de octubre de 1974, Luis Echeverría decretó la creación del Estado de Baja California Sur. El 6 de febrero de 1976, las aguas de la mitad sur del Golfo de California, fuera de la franja de Mar Territorial, quedaron sujetas al régimen de Zona Económica Exclusiva, salvaguardando para el país los derechos de soberanía sobre los recursos marinos, renovables y no renovables, de los fondos y subsuelo marino y de las aguas suprayacentes (D.O.F., 13/11/1976).

Cabe destacar, que la Ley Federal del Mar, equipara a las islas con el territorio continental y otorga, a sus aguas adyacentes, la condición de Mar Territorial, de Zona Contigua, de Zona Económica Exclusiva y de Plataforma Continental; no así a las rocas no aptas para mantener la habitación humana o la vida económica propia (D.O.F., 02/04/1986).

Conforme a la Ley Federal del Mar, las islas son extensiones naturales de tierra, que están rodeadas por agua y sobresalen de ésta durante la pleamar, y que se pueden clasificar, por su ubicación geográfica, como continentales, oceánicas e interiores. Las áreas insulares (islas, islotes, rocas e isletas), del Golfo de California, cuyo número asciende a 898, representan aproximadamente el 50% del territorio insular de México.

Es por ello, que la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, a través de la Unidad Coordinadora de Áreas Naturales Portegidas (UCANP) asignó recursos humanos y financieros para la administración de estas islas. Estos recursos, cuyo origen provino de la inclusión de esta ANP en el grupo de áreas protegidas piloto de la entonces Unidad Coordinadora de Áeas Naturales Protegidas (UCANP-INE-SEMARNAP), han permitido consolidar una estrategia de manejo para el área; que incluye su administración y operación a través de cuatro oficinas regionales. Esta estrategia deberá fortalecerse por el respaldo de los gobiernos estatales y municipales de la región; así como por la presencia y trabajo conjunto de numerosas instituciones académicas, organizaciones no gubernamentales, propietarios, usuarios y comunidades locales.

 

Relevancia ecológica y científica

Las islas del Golfo de California son reconocidas, por la comunidad científica internacional, como uno de los ecosistemas insulares ecológicamente más intactos del mundo y de los pocos laboratorios naturales aún existentes. Su aislamiento y sus procesos naturales, permiten probar teorías concernientes a las formas de evolución, tasas de extinción y colonización de especies; así como, sobre las interacciones entre las especies y su adaptación a los ambientes insulares.

Entre los principales atributos ecológicos que determinan la importancia de la zona, se encuentran:

  • Alto número de endemismos en varios grupos taxonómicos, principalmente de cactáceas, reptiles y mamíferos. La presencia de endemismos a nivel especie y subespecie, hace necesaria la protección y la preservación de procesos ecológicos, inexistente en otras partes del mundo.
  • Presencia de numerosas e importantes colonias reproductoras de aves marinas; distribuidas, principalmente; en la Isla Rasa, donde anida el 95% de la población mundial de la gaviota ploma (Larus heermanni) y del charrán elegante (Sterna elegans); en la Isla San Pedro Mártir, que alberga a la cuarta colonia más importante, a nivel mundial, del pájaro bobo de patas azules (Sula nebouxii), y en la Isla Partida, se encuentran importantes colonias de paíño mínimo (Oceanodroma microsoma), paíño negro ( melania) y gaviota patas amarillas (Larus livens); esta última endémica del Golfo de California.
  • Presencia de numerosas colonias reproductoras de lobo marino de California (Zalophus californianus), en la Isla San Jorge y en otras de la región de las grandes islas.
  • Importancia como sitios de descanso de aves durante su migración; como ocurre en algunas islas ubicadas frente a la Península de Baja California, así como en las islas del sur de Sonora y Sinaloa.
  • Presencia de ecosistemas “tipo” en buen estado de conservación ecológica. Tal es el caso de Isla Tiburón, donde se encuentra, posiblemente, una de las zonas del Desierto Sonorense mejor conservadas.
  • Alto grado de vulnerabilidad a los impactos ocasionados por las actividades humanas. Las especies insulares, tanto de plantas como de animales, pueden haber evolucionado en ausencia de depredadores, razón por la cual pueden ser dóciles (en el caso de los animales), o no tener defensas, adecuadas, ante la introducción de especies depredadoras o herbívoras.

Contexto arqueológico, histórico y cultural

Culturas prehispánicas

La información contenida en esta sección es resultado del trabajo de diversos autores, entre los que sobresalen Martínez (1956), Jordán (1976), McGee (1980), Del Portillo (1982), León-Portilla (1983) y Del Río (1983; 1984). Gracias a estos trabajos sabemos que varias de las islas del Golfo de California fueron habitadas por las culturas prehispánicas que florecieron, tanto en la Península de Baja California, como en la costa oriental del golfo. La Península de Baja California fue poblada hace más de 14,000 años por grupos que buscaban condiciones de vida que satisfacieran sus necesidades. En la península se desarrollaron tres culturas: la Yumana, al norte del paralelo 30, el Complejo Cultural Comondú, en la zona del desierto central, y Las Palmas al sur. Varios grupos indígenas formaron parte de estas culturas; los más importantes fueron los Pericúes al sur, los Guaycuras al centro y los Cochimíes al norte de la península. Fueron los Pericúes quienes habitaron e hicieron uso de algunas de las islas del sur del golfo (Cerralvo, Espíritu Santo y San José). Los Cochimíes habitaron la mayor parte de la península, desde el norte de Loreto hasta el extremo septentrional de lo que actualmente es el estado de Baja California. En este amplio territorio se desarrollaron variantes culturales y lingüísticas, debido principalmente a la diversidad de ambientes. Las características ecológicas tuvieron gran influencia sobre los nativos de Baja California. La carencia de animales domésticos y la imposibilidad de realizar labores agrícolas debido a la aridez de estas tierras obligó a los nativos a vivir en movimiento constante, cambiando de un lugar a otro según las estaciones del año. Prueba de ello es que a lo largo de la Península de Baja California se encuentran vestigios de asentamientos antiguos, denominados “concheros”. La Cultura Comondú se estableció en la región de Loreto y estuvo formada por los Guaycuras. La organización social de los pobladores fue por tribus, integradas por grupos de familias unidas por lazos de parentesco patriarcal. El número de miembros de cada familia y el número de familias en cada tribu estaba determinado por la relación directa con la capacidad de carga de los ecosistemas. El uso de los recursos naturales por parte de los antiguos californios estuvo relacionado con el desarrollo de medios para conservar y almacenar sus alimentos, cómo las técnicas de salado y secado de los pescados y mariscos.

La presencia y composición de los “concheros” encontrados a lo largo del litoral peninsular y en algunas de las islas de la región, demuestran el uso de una amplia variedad de recursos marinos, tales como almejas, caracoles, peces, tortugas y mamíferos marinos. El buceo fue practicado para la captura de algunos de estos recursos.

Las epidemias de viruela y las enfermedades venéreas que llegaron a estas tierras durante la colonización, fueron las causas más importantes de la declinación demográfica de estas etnias. Durante la primera mitad del siglo pasado, la población indígena de la península de Baja California fue seriamente diezmada.

De los grupos indígenas que habitaron las costas de Sonora y Sinaloa, como fueron los Pápagos, Coposa, Con Ca´ac (o Seri), Pimas, Mayos, y los Yaquis, los que tuvieron mayor relación con los recursos marinos y por tanto con las islas fueron los Yaquis y los Con Ca´ac. El origen de los Yaquis es poco conocido. Provenientes del norte de Asia, arribaron a la región de confluencia de los ríos Gila y Colorado hace aproximadamente 1,700 años. En el siglo VI se concentraron en la cuenca del Río Yaqui. Durante los siguientes mil años se organizaron en ocho tribus y fundaron los pueblos yaquis: Bacum, Velem, Cócorit, Guirivis, Pótam, Rahum, Tórim y Vicam. En un principio era un grupo nómada que dependía de la recolección, la caza y la pesca en la desembocadura del Río Yaqui; posteriormente se establecieron como grupo sedentario; desarrollaron la agricultura gracias a las aguas del Río Yaqui y construyeron balsas para la pesca. Los Yaquis junto con los Con Ca´ac llegaron a integrar una confederación indígena con otras tribus como los Apaches, Mayos, Ópatas, Pimas y Tohono O’odham (Pápagos), en la que la relación consistía en la defensa mutua y el respeto de sus territorios así como en el intercambio comercial y exogámico (ver Bourillón, et al, 1988; Reyes, 1992).

Los Seris eran un grupo nómada de recolectores, cazadores y pescadores. La tradición oral, así como documentos de la colonia, mencionan que ellos viajaban en balsas de carrizo por el Golfo de California (McGee, 1980). Su cultura está basada en un conocimiento profundo del mar, el desierto y sus recursos naturales, lo cual les permitió sobrevivir en un medio aparentemente hostíl a los ojos de los foráneos.

Según los propios Con Ca’ac este relato forma parte de sus orígenes en la tierra. Los Con Ca’ac conocidos como Seris son el resultado de la fusión de seis bandas: Tastioteños, Seris, Salineros, Tiburones, Tepocas y Upanguaymas. Estas bandas semisedentarias ocuparon un amplio territorio a lo largo de la costa sonorense, así como las islas adyacentes de San Esteban, Tiburón y Cerro Tepoca (Muñoz, 1990).

Historia Colonial, Independiente y del Siglo XX

El deseo por encontrar el paso de comunicación entre el Océano Pacífico y el Atlántico originó el descubrimiento de la Península de Baja California. Las primeras expediciones corrieron por cuenta de Hernán Cortés (1532 a 1539). En 1533 Fortín Jiménez descubrió lo que hoy es el Puerto de la Paz, en donde murió a manos de los Pericúes. Los sobrevivientes de su tripulación escaparon hacia las costas de Sinaloa, difundiendo la noticia de la abundancia de perlas en la tierra descubierta. Con el propósito de colonizar dichas tierras, en 1535 Hernán Cortés fundó el Puerto y la Bahía de la Santa Cruz, hoy Puerto de La Paz. Sin embargo, fracasó en su intento debido a la escasez de víveres y a la proliferación de enfermedades. El 8 de julio de 1539, Cortés organizó su cuarta y última expedición antes de marchar a su viaje sin regreso a España; en dicha expedición usó tres naves (Santo Tomás, Santa Agueda y Trinidad), que salieron de Acapulco bajo la capitanía de Francisco de Ulloa, quien había participado en un viaje a la región tres años atrás. Esta última exploración resultó ser la más afortunada. A pesar de que el navío Santo Tomás se perdió antes de llegar a la Bahía de la Santa Cruz, los otros dos recorrieron, a lo largo de casi un año, tierras hasta ese momento ignotas. Quedó constancia, por pluma del propio Ulloa, de que sus naves llegaron el 29 de agosto al Puerto de Santa Cruz a la que llamó Puerto del Marqués del Valle (hoy Bahía de La Paz) y de que de ahí salieron a las costas de Sinaloa. Navegando con rumbo norte, reconocieron el Río de San Pedro y San Pablo (hoy Río Mayo), tomaron posesión de un puerto que llamaron “de los Puertos”, situado a los 29º (probablemente Bahía Kino) y cruzaron un canal que separaba a la costa de una gran isla despoblada – quizá la Isla Tiburón- llegando, a fines de septiembre, hasta la desembocadura del Río Colorado, al que llamaron Ancón de San Andrés, aclarando así que aquellas tierras no eran una isla. En su viaje de regreso entró a una bahía que llamó Puerto de Lobos (Bahía de los Ángeles), por la gran cantidad de lobos marinos que observó (Del Portillo, 1982; Reyes, 1992).

En 1540, Fernando de Alacrán, con apoyo del Virrey, realizó una expedición al Golfo de California, llegando a la desembocadura del Río Colorado en donde se internaron 470 km. Como resultado de esta expedición elaboró el primer mapa de la zona. En 1596 Sebastián Vizcaíno inició nuevamente las expediciones al Golfo de California. Esta nueva etapa fue motivada por el interés en explotar las reservas de perlas en la región. A partir de entonces continuaron los viajes al golfo (1612-1649), se descubrieron nuevas islas y se elaboraron algunos mapas. Sin embargo, la colonización de la península fue imposible y ésta se logró hasta 1697 cuando los jesuitas iniciaron su labor misionera en Baja California, fundando la primera misión, Loreto de Conchó. Entre 1604 y 1615 se realizaron varios viajes dentro del Golfo de California, entre los que destacan el de Juan de Oñate y el de Nicolás de Cardona y Juan de Iturbe. Lo que caracterizó a estos viajes es el hecho que ambos navegaron solamente dentro del Golfo de California y que en ambos casos se hace la referencia persistente de una fantasiosa Isla de la Giganta, no ajena a algunas leyendas medievales y cuyo supuesto descubrimiento inspiraría al escritor Jonathan Swift, en su libro los viajes de Gulliver.

Si se toma en cuenta que Cardona no llegó al cierre del Golfo de California o Mar Bermejo como se conocía, no es arriesgado aventurar que se referían a la Isla Tiburón, probablemente la única habitada en el golfo en ese entonces (Del Río, 1983; 1984; Reyes, 1992

Con el desarrollo de la agricultura en 1701, se favoreció la expansión misionera hacia el norte y el sur. En 1746 el padre jesuita Fernando Consag, por orden del Provincial de la Nueva España, realizó un recorrido de inspección, partiendo del Puerto de San Carlos y culminando en el Río Colorado. Comprobó el entronque de la península con el continente, separada únicamente por el “Mare Vermeio” (sic). A su regreso recorrió la costa occidental del golfo y el dos de agosto del mismo año se internó en una amplia y bella bahía, un poco más de dos siglos después de que Francisco de Ulloa la bautizara como Puerto de Lobos.

Aunque la primera misión jesuita en el territorio Con Ca´ac se estableció en 1679, ésta no prosperó, colapsándose en 1748 debido a epidemias y a la poca participación por parte de los indígenas. Durante el siglo XVII comenzaron varios conflictos entre los españoles y los Con Ca´ac, ya que algunos grupos de indígenas comenzaron a cazar las reses de las rancherías españolas, lo que llevó a la expropiación de sus tierras fértiles. Ante las protestas de los españoles, algunos Con Ca´ac fueron arrestados y sus mujeres deportadas a otras partes de la Nueva España. El conflicto llegó a los límites de comenzar campañas con el objetivo de exterminarlos, incluyendo una costosa e ineficaz invasión a la Isla Tiburón por parte del general Diego Ortiz Parrilla por el año de 1750. Debido a las constantes matanzas y las epidemias este grupo se vio diezmado (Reyes, 1992).

A raíz de la fundación de la Misión de San Francisco de Borja, en el Valle de Adac (1762-1818), la bahía (la actual Bahía de los Ángeles) se transformó en el puerto más importante de aquella época. A la salida de los jesuitas de la península en 1767, los franciscanos fernandinos se hicieron cargo de las misiones. Más tarde se ocuparon de la evangelización de la Alta California y dejaron la atención de la península a los dominicos a partir de 1773. Estos mostraron poco interés por continuar con dicha labor, que finalizó en 1804.

Durante el siglo XVIII se despertó un gran interés en algunas de las islas, cuando los buscadores de perlas explotaron los placeres perleros al norte de islas como Tiburón y Espíritu Santo. A mediados del siglo XIX, con la desaparición del recurso, terminó esta actividad. Una actividad económica relevante en la zona de Loreto fue la explotación de sal, actividad que se inició en 1770 en la Salina de Isla del Carmen, la cual es una porción de terreno de inundación en donde la salina forma grandes cantidades de sal por la acción de penetración de aguas hipersalinas saturadas, que con la acción del sol y el viento permitía la acumulación de sal de roca en cuencas y hoyos de evaporación.

Con el abandono de la Misión de San Francisco de Borja en 1818, el puerto de Bahía de los Ángeles se olvidó y fue hasta 1889 cuando se inició la explotación de oro y plata en las cercanías de la bahía por una empresa norteamericana, convirtiéndose ésta en un importante punto de salida de los productos mineros. Sobre las Islas Marietas al sur del Golfo de California se sabe que fueron utilizadas como sacrificadero de indios (Blanco, 1979) ya que en la cueva del islote al que llaman El Muerto se han encontrado artefactos prehispánicos como hachas, medallones de piedra, algunos grabados o labrados en forma de figura humana o de animal.

Desde la última mitad del siglo XIX hasta hace 20 ó 30 años, los recursos naturales de las islas del golfo tuvieron una etapa de explotación “industrial” o de “gran escala”. Dichas actividades se asociaron principalmente a la extracción de guano, la colecta de huevos de aves marinas y la cacería de lobos marinos. En 1880, una compañía americana mantuvo a 135 indígenas Yaquis viviendo con sus familias en la Isla San Pedro Mártir (la cual tiene sólo 1.5 km² de superficie) para trabajar en las labores de extracción. Durante las labores de extracción de guano se produjeron las modificaciones antropogénicas más graves que han existido en estos ecosistemas insulares, sobre todo en las islas más pequeñas y biológicamente más frágiles. Este impacto fue ocasionado por el movimiento y probable extracción de la mayoría de las rocas pequeñas y medianas para raspar y extraer el guano, así como por la eliminación o   severa modificación de la vegetación para facilitar la acumulación del mismo. Finalmente en 1910, con el inicio de la Revolución Mexicana, las minas fueron abandonadas.

En algunas de las islas aledañas a Sonora se encuentran hoy en día restos arqueológicos que comprueban el uso que se les ha dado históricamente a las islas. Por ejemplo, en la Isla Tiburón, como parte de los sitios más honrados por la comunidad Com Ca´ac se encuentra lo que hoy le llaman “La Cárcel”, que según la tradición oral son los restos de un sitio de reclusión que utilizaron los novohispanos durante la invasión a la isla para exterminar a los Con Ca´ac. En ella los encerraban mientras eran transportados a las playas para ser quemados (A. Lopez, com. pers, 1998). En la bahía de agua dulce sobre la costa de la playa se encuentran “entierros” de seris antiguos (Gallo, com. pers. 1998).

Esfuerzos anteriores de planificación

A lo largo del tiempo han existido diversos esfuerzos de planificación y conservación sobre el Golfo de California y sus islas, el presente Programa de Manejo ha tomado en cuenta sus resultados y propuestas. Durante la década de los ochentas hubo una serie de acciones enfocadas a la conservación del Golfo de California. El 30 de enero de 1984, la entonces Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (SEDUE) convocó a la Primera Reunión Nacional de Ecología. Previo al evento, realizó un ciclo de cinco reuniones regionales de las cuales la Zona del Mar de Cortés fue la primera, con una amplia participación de los sectores público, privado, social y académico de los estados de Baja California Sur, Baja California, Sonora, Sinaloa y Nayarit (SEDUE, 1984). El objetivo de dicha reunión fue conocer puntos de vista, propuestas y alternativas concretas a los problemas de deterioro ambiental en la región. Entre los temas tratados sobresalió el de la protección de las islas y se destacó la necesidad de realizar un inventario en la región de las áreas naturales, áreas críticas y ecosistemas frágiles así como de definir las políticas, estrategias y actividades necesarias para su adecuada conservación. Se acordó solicitar a la SEDUE el establecimiento de programas emergentes a corto plazo, para establecer dentro del Sistema Nacional de Información, un catálogo de estudios físico-espaciales del territorio insular, que incidiera en la administración de los recursos naturales y la forma de ser aprovechados (SEDUE, 1984). Posteriormente, en 1986, la SEDUE, a través de su Dirección General de Conservación Ecológica de los Recursos Naturales, financió la elaboración del documento titulado “Programa Integral de Desarrollo de las Islas del Golfo de California” (SEDUE, 1986b), a partir del cual se buscó elaborar un plan de manejo para dichas islas (R. Hernández, com. pers. julio; 1989). Sin embargo, este esfuerzo no fructificó.

 

En febrero de 1987 se formó la Asociación de Investigadores del Mar de Cortés, A.C., con sede en Hermosillo, Son., la cual agrupa investigadores nacionales y extranjeros que realizan trabajos en la región; entre otros, relacionados a la conservación de los recursos naturales del Golfo de California y sus islas. En febrero de 1992, con el propósito de analizar la problemática de la región, así como de iniciar un proceso de incorporación de las opiniones y propuestas específicas de los diversos sectores involucrados, se realizó en Ensenada, B.C., el “Taller para la elaboración de un plan de acción para la conservación de la Región de las Grandes Islas del Golfo de California”. Dicho esfuerzo fue parte de las actividades del Grupo de Conservación de las Islas del Golfo de California del Instituto de Biología de la UNAM, quien además realizó intensas actividades de investigación y conservación de las islas entre los años 1984 y 1993. A partir de la realización del taller se integró un grupo técnico planificador que trabajó durante 1992 para presentar a la SEDUE y a la entonces Secretaría de Pesca (SEPESCA), entre otras, un plan de acción para la región acorde con las dependencias involucradas. El plan buscaba la elaboración, instrumentación y evaluación de un Programa de Manejo para la Región de las Grandes Islas, que sirviera como punto de partida para la elaboración de otros programas para el resto de las islas. Entre las instituciones participantes estuvieron el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), el Instituto de Biología de la UNAM (IBUNAM), el Instituto de Investigaciones Oceanológicas de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), organizaciones no gubernamentales (ONG´s) como World Wildlife Fund (WWF), el Gobierno del Estado de Baja California, así como las Secretarías de Gobernación, Marina, Pesca y Desarrollo Urbano y Ecología. Participaron además representantes del sector pesquero, industrial, artesanal y deportivo, prestadores de servicios turísticos y representantes del Gobierno tradicional de la comunidad Com Ca´ac.